Deliberación translocal: ¿de la construcción de paz cotidiana al impacto político?

El debate público sobre el futuro constitucional de la isla de Irlanda suele ser polarizador o generar desinterés por el tema. ¿Cómo podría la participación deliberativa impulsar la discusión más allá de este punto, hacia una visión compartida del futuro? El proyecto «Visiones Constitucionales desde la Base» exploró esta cuestión mediante una serie de encuentros deliberativos a ambos lados de la frontera. Aquí, el equipo de investigación comparte las conclusiones del proyecto y reflexiona sobre el valor de la deliberación translocal para la construcción de la paz y la elaboración de la constitución.

by Jennifer Todd, Joanne McEvoy and Shelley Deane | May 6, 2026

Imagen de Andi Lanuza
En la Irlanda posconflicto, las campañas por la unidad irlandesa han tendido a generar opiniones polarizadas en Irlanda del Norte y una desvinculación generalizada entre amplios sectores de la población en ambas partes de la isla. No existe un diálogo real, y mucho menos un consenso. En este contexto, nuestra investigación «Visiones constitucionales desde la base» empleó métodos deliberativos para trascender la política identitaria y avanzar hacia una visión compartida del futuro. ¿Podría la metadeliberación contribuir a construir una base común que permita un diálogo significativo incluso cuando persisten posturas radicalmente opuestas?

Trabajando con grupos de mujeres en cafés deliberativos a ambos lados de la frontera, nos propusimos ayudar a las comunidades a identificar problemas y valores comunes, y a articular visiones convergentes para el futuro. Organizamos cuatro cafés deliberativos de un día de duración, intercomunitarios y transfronterizos, y un último café vespertino más breve, que conectó a participantes de cuatro circunscripciones rurales de Irlanda del Norte y la República de Irlanda.

Cada uno de estos cafés deliberativos se diseñó para construir criterios comunes para el debate constitucional. Comenzamos con participantes definidas transversalmente —mujeres— porque es probable que compartan experiencias y problemas cotidianos significativos y estén abiertas al diálogo, incluso cuando difieren políticamente. Reclutamos a más de 100 participantes mediante anuncios en grupos de mujeres locales y en la radio local, y mediante la técnica de bola de nieve. En cada café, alrededor de 30 mujeres —diversas en cuanto a religión, etnia y clase social— se reunieron para deliberar.

La deliberación se desarrolló en tres fases a lo largo del día: primero, sobre los problemas comunes de las participantes; luego, sobre los imperativos políticos compartidos; y finalmente, al final de la tarde, las mujeres utilizaron los criterios que ellas mismas habían acordado en las sesiones previas para evaluar diferentes direcciones de la reforma constitucional. En el proceso, se involucraron en un análisis reflexivo y, a menudo, creativo de las opciones. No se limitaron a juzgar las opciones presentadas para la reforma constitucional, sino que propusieron otras nuevas, como el fortalecimiento de las instituciones y regulaciones transfronterizas dentro del sistema existente, y un modelo de «geometría variable» de descentralización asimétrica del poder dentro de una Irlanda unida. Si bien las mujeres aún discrepaban sobre sus resultados preferidos, se inclinaron por modelos no convencionales del futuro constitucional que serían más ampliamente aceptados en toda la isla, en contraposición a los modelos convencionales que suelen provocar respuestas polarizadas.

Los problemas comunes definidos por las mujeres por la mañana, y los imperativos políticos que identificaron a primera hora de la tarde, definieron los metacriterios comunes de la deliberación constitucional.

Nuestro enfoque se basó en tres principios metodológicos clave interrelacionados: codiseño, secuenciación y tiempo suficiente. Los problemas comunes definidos por las mujeres por la mañana y los imperativos políticos que identificaron a primera hora de la tarde definieron los metacriterios comunes de la deliberación constitucional. Como era de esperar, esto transformó el lenguaje del debate constitucional, pasando de argumentos con una fuerte carga ideológica a preocupaciones cotidianas compartidas y relevantes para todas las participantes. Sin embargo, para nosotras, las organizadoras, esto planteó un desafío fundamental: si desconocíamos de antemano qué problemas definirían las participantes, ¿cómo podíamos estructurar la información útil y preparar a las expertas para participar en la deliberación?

Si desconocíamos qué problemas definirían los participantes, ¿cómo podríamos estructurar la información útil y preparar a los expertos para la deliberación? Para abordar este desafío, se requería un enfoque ágil y secuenciado.

Para afrontar este reto, se requirió un enfoque ágil y secuenciado. Nuestra decisión inicial de involucrar a participantes de diversas categorías, procedentes de cuatro circunscripciones rurales locales, definió los temas de nuestros carteles informativos: los problemas típicos que afrontan los habitantes de zonas rurales en toda Europa y la comparación de las condiciones locales (demografía, salud, migración, delincuencia) en cada una de las cuatro circunscripciones, así como las prioridades de los ayuntamientos.

A primera hora de la tarde, invitamos a expertas en políticas públicas a que describieran las vías políticas existentes para abordar los problemas comunes de las participantes. Dado que no podían conocer de antemano dichos problemas, asistieron a las primeras sesiones de debate y abordaron directamente las preocupaciones expresadas por las mujeres. A medida que se hizo evidente la coincidencia de los problemas comunes identificados en cada sesión, grabamos vídeos cortos de 10 minutos con las expertas para las sesiones posteriores.

Este enfoque requirió un importante trabajo de colaboración con cada experta. Las llamadas telefónicas, las largas conversaciones durante los trayectos en coche compartido y las charlas reflexivas facilitaron la participación de las expertas, además del trabajo preparatorio habitual de compartir la investigación existente y los posibles temas. Los expertos continuaron su participación en el proyecto tras la finalización de cada sesión y dedicaron mucho más tiempo y esfuerzo del previsto inicialmente, manifestando que la experiencia les resultó muy valiosa.

Al final de la tarde, presentamos algunos posibles modelos constitucionales para la isla, animando a las participantes a que sugirieran sus propias variantes. Preparamos una hoja de trabajo visual donde los criterios de los participantes (problemas/imperativos compartidos) se escribían en el eje vertical a medida que se decidían, y los modelos de una Irlanda unida/Unión reformada (con opciones para escribir) en el eje horizontal podían contrastarse con ellos.

El proceso deliberativo también se basó en las redes cotidianas de interacción y resiliencia. Las propias mujeres percibieron similitudes entre sus diferentes contextos locales y estatales, y el enfoque secuenciado nos permitió avanzar en la deliberación desde los problemas hasta las políticas públicas y la política constitucional. Facilitamos la deliberación nosotras mismas, lo que también nos permitió mantener la flexibilidad en nuestro enfoque y la transparencia en nuestros objetivos. Las mujeres nos preguntaban con frecuencia: «¿Por qué hacen esto?» o (en el caso de las encuestas): «¿Por qué necesitan saber por quién votamos?», y podíamos responder en tiempo real.

Fue fundamental dedicar tiempo a la confianza y la solidaridad, lo que permitió construir problemas y experiencias compartidas que mantuvieron la participación más tarde ese mismo día.

La jornada completa fue fundamental, ya que permitió que se desarrollaran la confianza y la solidaridad. La exitosa identificación de problemas y experiencias compartidas sobre las disfunciones políticas generó un nivel de solidaridad desde el principio, lo que permitió que el proceso continuara mientras las mujeres se esforzaban por evaluar el futuro constitucional en función de criterios comunes.

También organizamos una sesión vespertina más breve en una quinta localidad, centrada en la cuestión constitucional de la Unión del Reino Unido o la Unidad de Irlanda. En esta sesión más corta, fue difícil establecer criterios comunes, ya que los participantes dispusieron de menos tiempo para debatir sus problemas. No fue posible explorar tanto las disfunciones de los regímenes políticos existentes como las oportunidades de posibles futuros constitucionales en una sesión de tres horas. Además, cuando los participantes mostraron interés en conocer más sobre nuestro enfoque, el tiempo para el debate fue insuficiente. Se necesitaba más tiempo para fomentar la participación y el pensamiento creativo.

Aún más importante, aunque inicialmente no previsto, fue el hecho de que alrededor de 15 participantes regresaron a los siguientes encuentros. Algunas de las primeras asistieron al segundo, y así sucesivamente, creando involuntariamente continuidad en los debates y contribuyendo al aprendizaje iterativo. Las participantes que regresaron nos dijeron que lo hicieron porque necesitaban reflexionar más sobre el tema. Querían encontrar la manera de abordar la unidad irlandesa según sus propios criterios. Las mujeres no tomaron una decisión definitiva sobre esta compleja cuestión, sino que continuaron reflexionando. En los encuentros posteriores, las participantes que regresaron desempeñaron un papel crucial al facilitar sesiones en grupos pequeños y explicar a las nuevas participantes lo que intentábamos hacer. En este sentido, nuestra deliberación participativa convergió inesperadamente con las recientes innovaciones en la deliberación a nivel europeo.

Invitamos a concejales locales —de los principales partidos de la zona— a la sesión sobre formulación de políticas. En el primer encuentro, las mujeres se mostraron inicialmente hostiles, pero en encuentros posteriores, al integrarlas en las mesas pequeñas, las conversaciones fueron constructivas. Presentamos nuestros hallazgos a los plenos consejos locales, a una reunión de políticos en el Parlamento irlandés y, por separado, a miembros de los partidos políticos.

Actualmente estamos intentando obtener apoyo político para extender la iniciativa a toda la isla y analizando hasta qué punto nuestro enfoque podría adaptarse y aplicarse de forma más generalizada. Concluimos con una pregunta abierta pero crucial: ¿cómo puede la deliberación a este nivel vincularse con las Asambleas Ciudadanas nacionales o incluso con la deliberación global? Nuestra investigación demuestra que la deliberación translocal puede aprovechar la creatividad local cotidiana y canalizarla hacia ámbitos políticos más amplios, no solo el gobierno local, sino también la política estatal, interestatal y transfronteriza. Es necesario que exista esta intersección de escalas espaciales en la deliberación, que permita sistemáticamente la participación translocal y la vincule con lo (trans)nacional y lo global para fomentar una ecología de la deliberación.

This article has been translated from English using Google Translate, and then edited and corrected by the authors.

Sobre las autoras

Jennifer Todd es catedrática emérita de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales e investigadora del Instituto Geary del University College Dublin. Ha publicado numerosos trabajos sobre identidad y conflicto.

Joanne McEvoy es catedrática de Ciencias Políticas y directora del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido. Su investigación se centra en el debate constitucional desde la base en la isla de Irlanda y, en un sentido más amplio, en las instituciones políticas posteriores a un conflicto.

Shelley Deane es investigadora del Programa Norte-Sur del Instituto de Conflictos del Departamento de Derecho y Gobierno de la Universidad de la Ciudad de Dublín (DCU) y coeditora de Irish Studies in International Affairs (ARINS).

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